Historias Bíblicas de Fútbol

Cuentan las escrituras sagradas no oficiales que a Jesús le encantaba el fútbol y había armado un equipo para dirigirlo como DT en la Copa Galilea. El equipo se llamó Los Apóstoles, conformado por los más fieles seguidores de las estrategias de Jesús. En aquella época se jugaba al fútbol con 12 jugadores en cancha por equipo. Pero el primer partido del torneo para Los Apóstoles era a las 9 de la mañana. La noche anterior, Judas había salido de joda y no había forma de levantarlo, y a los apóstoles les faltaba un jugador. Los etimólogos creen que el término "jodón" tiene sus raíces en Judas. El reglamento de fútbol estaba escrito en piedra en la casa central de la AFG, la Asociación de Fútbol de Galilea. No existía la tinta por ese entonces. Esa mañana, Jesús realizó su primer milagro y modificó el reglamento para indicar que el fútbol se jugaba con 11 jugadores por equipo. Había heredado la habilidad de escribir en piedra de su padre, quién le había escrito los 10 mandamiento a Moisés en las tablas de la ley, de piedra. En esa época no existían los partidos de noche pues la iluminación artificial, las antorchas, no eran suficientemente potentes para iluminar una cancha de 12. Para aprovechar al máximo la luz solar, los torneo empezaban bien temprano.
Se generó una gran confusión pues muchos equipos empezaban a jugar con 12 y luego los referís, aún confundidos, sacaban al jugador de más. Ésto generaba discordia pues había que decidir en el momento quién salía de la cancha.
Los Apóstoles llegaron a la final con buen fútbol y algunas goles milagrosos. Su goleador era Pedro, quién a pesar de ser un delantero muy oportunista, era moderadamente pescador. Las arengas del DT Jesús eran memorables, empleando parábolas a todo trapo para motivar a su equipo. Dejaron en el camino a Deportivo Ararat, Los Reyes Magos y Deportivo Babel. Los "babelinos" se caracterizaban por tener jugadores de muy buen pie, pero nunca lograron entenderse bien entre sí y carecían de juego en equipo. Previo al partido contra Los Apóstoles, Los Reyes Magos habían traído regalos al juez del torneo Poncio Pilato para caerles bien, quien los aceptó con ganas. Sin embargo, Pilato no mostraría favoritismos y el partido fue bien ganado por Los Apóstoles. Cuando Los Reyes Magos le fueron a increpar, él se lavó las manos aduciendo ser un juez justo.
La final de la Copa Galilea fue contra Los Fariseos, quienes se la daban de habilidosos pero su juego sucio era la clave de su éxito. Las repetidas quejas al juez Pilato nunca fueron suficientes para advertirle sobre su falta de fair play, pues siempre argumentaba ser justo y neutro en su arbitraje.
Los 14 partidos previos a la final, jugados durante 5 días, habían castigado y desprovisto de pasto a la única cancha del torneo, que terminó en muy malas condiciones. Era prácticamente pura tierra. Jesús temía que Los Fariseos usen ésto a su favor, pues eran conocidos por arrojar polvo de tierra a los ojos de los rivales. La situación requería traer pasto nuevo, pero los panes de pasto ya habían sido utilizados casi todos en el torneo y los que quedaban sólo servían para cubrían el círculo central de la cancha. El proveedor de panes de pasto más cercano estaba a cinco días de viaje en camello, y no llegaría a tiempo para la final. Para resolver el problema, Jesús realizó su segundo milagro y multiplicó los panes de pasto para poder restaurar toda la cancha para la final.
La final fue el partido más parejo del torneo, y no se sacaron ventajas durante los 90 minutos de partido, por lo que jugaron dos tiempo suplementarios de 15 minutos cada uno. En el entretiempo del suplementario, mientras Los Fariseos se refrescaban, Jesús convirtió el agua de sus bidones en vino. La prensa adujo la falta de coordinación de los fariseos en el segundo tiempo del suplementaria al calor y al cansancio. Años más tarde, Jesús reconocería su pecado para mostrarse humano.
La revelación del torneo fue Lázaro, de Club Atlético Betania. Lázaro había sido un gran jugador años atrás, pero una dura falta de Sansón, de Zora F.C., en un partido por la Copa Nazareth dos años antes, lo había dejado fuera de las canchas por 6 meses y nunca había vuelto a ser el mismo. Lo citaron de todas formas para jugar en la selección de su aldea pues el DT cortejaba a su hermana Marta. En su primer partido en la Copa Galilea recibía constantemente los gritos del público: "Sos un muerto Lázaro!". Jesús conocía su historia y había ido a ver el partido, pues minuciosamente estudiaba a sus posibles rivales. En una jugada, Lázaro venía embalado para tirar el centro en el borde derecho del área rival cuando fue duramente cortado por Goliath, de Club Atlético Gat. Pilato cobró la falta y le sacó tarjeta amarilla a Goliath. Lázaro quedó tendido en el piso retorciéndose de dolor. Jesús, compadeciéndose, se paró y le arengó: "Lázaro! Levantate y andá!", indicándole con el índice que vaya al área a cabecear. En Club Atlético Betania jugaba David, quién había sido transferido recientemente de Judá F.C., y tenía increíbles dotes para cabecear. Sabiendo esto, Goliath, que medía dos metros con noventa, lo marcaba de cerca en todos los centros. David no había podido cabecear una sola pelota en todo el partido. Cuando partió el tiro libre, David empezó a correr hacia Lázaro, que estaba más cerca del arco, y le gritó "Agachate!". Lázaro le hizo caso y David saltó, le pisó la espalda a Lázaro para tomar impulso y cabeceó a tres metros del suelo antes de que David pudiera interceptarlo. El cabezazo venció al arquero y se estrelló en la red. La afición de Betania estalló en júbilo, en contraste la gente de Gat que no entendía qué había pasado. Algunos gritaban "Al fin servís para algo Lázaro!". Sin embargo, luego de aquel episodio, Lázaro deslumbró a la audiencia con el fútbol que solía tener hasta caer en las semifinales contra Los Fariseos. Aquel día, la arenga y confianza de Jesús resucitaron su nivel de juego.

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