Crear Mundos

En el mundo somos miles, millones de personas buscando nuestro camino. Tratando de conseguir objetivos. La razón por la que debemos luchar para hacerlo, que nos cuesta, más allá de vencer la inercia, que en la física pura significa que para modificar la velocidad de un objeto se necesita una fuerza, es que todo el resto de las personas están también tratando de alcanzar su objetivo. Y los caminos de todos se cruzan, a veces queremos las mismas cosas, los mismo recursos, o simplemente el mundo no está preparado para ofrecernos lo que queremos para alcanzarlo. Abriéndonos paso entre el camino de los demás. El trabajo en equipo nos ayuda porque nos da más fuerzas, nos podemos apoyar, nos refuerzan el sentido de lo que hacemos. También ayuda el compartir nuestra lucha, es decir contarla y que nos ayuden, con nuestra pareja y amigos.
Las personas a las que les resulta más fácil son aquellas que construyen su universo. Pero ésto no se logra sin la lucha. Al principio debemos amoldarnos al mundo tal como existe, y luego empezamos a crear nuestro mundo, nuestras reglas, y todo se vuelve más fácil. Pero como se dice, es fácil porque en algún momento fue dificil.  
Tenemos muchos objetivos, y algunos no los alcanzamos. Pero es positivo y sano reconocer nuestros logros en el camino. Animarnos a empezarlo y recorrerlo en un logro en sí mismo. A veces logramos cosas sin quererlas conscientemente, a veces ayudamos a los demás en el camino. Quizás el objetivo principal de todos debería ser animarnos a empezar el camino que queremos. ¿Quién dijo que el objetivo final es alcanzar el objetivo que nos propusimos originalmente?
Algo que podemos hacer es hacer entender a los demás nuestros objetivos, y es por eso que el carisma nos ayuda a lograr cosas. Es importante entonces reconocer que no todos entienden lo que queremos hacer, y que necesitamos comunicar claramente y no pensar que los demás deberían entender lo que queremos, como si el mundo nos debiera algo. También ayuda encontrar o crear caminos que ayudan a otros a caminar, y así nos ayudamos mutuamente, simbióticamente. Esto no es posible lograrlo, sin embargo, cuando el objetivo de otro es que no logremos el nuestro, como por ejemplo ocurrió en Argentina, y en otros países también, con las personas que se oponían a la ley del matrimonio de personas del mismo sexo. Las personas que son atraídas por su mismo sexo, y sienten amor por personas del mismo sexo, querían gozar de los mismo derechos matrimoniales que las personas heterosexuales. Las personas que se oponían a que los homosexuales gocen de estos derechos, ¿qué querían?
El pasado no existe. Realmente, no existe. Sólo existe en nuestra mente. Y en el condicionamiento de nuestros sentimientos, acciones. El pasado nos programa el cerebro, mediante conexiones neuronales, para sentir alegría, atracción, rechazo por ciertas ideas o hechos. De animarnos a algo distinto. Quizás estamos programados a no querer algo distinto, no por el pasado a no querer cambiar, pues tenemos la idea de que la estabilidad nos garantiza la supervivencia. ¿La supervivencia de qué? ¿De sentirnos maltratados, aburridos, frustrados? La misma pregunta se hace la medicina estos días, ¿hasta qué punto queremos la supervivencia si ésta nos garantiza más sufrimiento? Afortunadamente la vida no está en juego, sólo el tipo de vida. Cambiar nuestro comportamiento nos lleva a cambiar conexiones neuronales, y ésto al cerebro le requiere mucho esfuerzo y energía, y por eso le tenemos rechazo, y preferimos el sufrimiento presente al esfuerzo cambiario. El cerebro es un organismo muy eficiente que quiere gastar la mínima cantidad de energía. ¿Será que no queremos modificar nuestros comportamiento, aún sabiendo que nos puede hacer bien el cambio, porque tenemos miedo a olvidar, siendo que nuestro pasado guía nuestro comportamiento? Que nuestro pasado condicione nuestras actitudes y acciones, quiere decir que somos fruto de nuestras experiencias, nuestras vivencias. O sea que si queremos re-programarnos, tenemos que vivir distinto. Por eso dicen que cuando no sabés por dónde empezar, empezá con algo, pues ello te llevará a vivir una nueva experiencia, una reprogramación, y, por ende, una nueva perspectiva, una nueva forma de ver las cosas, pues nuestro cerebro ya no será el mismo.
La psicología Freudiana trata de explicar todos nuestros comportamiento desde el pasado. Y puede que tenga mucha razón, pero la pregunta sería ¿queremos poder explicar nuestros comportamiento, o cambiarlos? Quizás se puedan hacer las dos cosas. Pero, ¿revisar nuestras conexiones neuronales nos ayuda a cambiar? ¿O simplemente cambiarlas nos ayuda a cambiarlas? Nunca fui al psicólogo, pero entiendo que te ayuda a identificar las cosas que hacés que no te hacen bien, que te generan conexiones neuronales negativas.
Cada persona es un mundo. Y sí. Cada una tiene sus pasado, único; sus conexiones neuronales, únicas. ¿No entendés al otro? Es porque tenés otras conexiones neuronales. ¿Te drogás y entendés todo? Estás alterando tus conexiones neuronales, y viendo desde otra perspectiva. ¿Volviste a la realidad con una idea nueva? Alguna alteración quedó de tu experiencia alucinógena. ¿Conocés a alguien que se drogó y nunca más volvió a su estado normal, es decir, enloqueció? Quizás alguna alteración extrema que quedó para siempre.
Y vivir en tu mundo es una herramienta para ser feliz, para lo cual antes tenés que crearlo. Las personas que tratan de vivir en el mundo de todos les cuesta mucho ser feliz, porque tratan de complacer a todos los mundos y nunca puede sentirse bien en uno, porque no todos los mundos son compatibles y el único mundo que elegís es el tuyo; solo podes elegir uno.
Ocurre a veces en las parejas, que parte del mundo de uno no es querido por el otro, y discusiones ocurren por ello, discusiones que no van a cesar hasta que ocurran dos cosas: que una persona renuncia a esa parte de su mundo, o que la otra lo acepte. Soy más "preferente" de la segunda opción. Para ser feliz en pareja, es necesario aceptar plenamente el mundo del otro, o las discusiones siempre existirán. En el fondo queremos ser aceptados, y que acepten nuestro mundo nos aumenta el autoestima, y aumentar el autoestima de nuestra pareja nos va a hacer vivir una mejor vida en pareja, y por ende, mayor autoestima. Y así viviremos en el hermoso círculo del autoestima de la pareja. Podemos verlo de esta manera: que sea parte de nuestro mundo aceptar el mundo de nuestra pareja. Y mejor aun es ser parte de él. Algo similar ocurre entre padres e hijos, mientras el mundo de nuestros hijos no sea prejudicial para él, la mejor opción es aceptarlo.
Ahora, porque aceptaríamos el mundo de nuestra pareja y no el de otra persona cualquiera. Creo que el aceptar mundos es una cualidad, y al aceptar el de nuestra pareja, estamos ejercitando esta cualidad para usarla con todas las personas.
En muchas historias reales se ve, y en mucha películas también, que alguno de la pareja, o los dos, tienen un lugar de escape, que es oculto para sus parejas, para vivir su mundo, al menor por un rato, sin juzgamientos de ellas. ¿Por qué? ¿Tenemos miedo de que nos juzguen? No es que no nos tendríamos que ir de viaje con nuestros amigos, o no tener momentos de soledad, pero que no sea secreto, sino que sea parte de la comunicación y el entendimiento en la pareja. Y del autoestima.
Pero lo mejor y lo que seguramente garantiza una pareja duradera, es la creación de un mundo común, el cual hay que cuidar y también puede cambiar. Hay una canción de Keane que dice "¿por qué no vamos a un lugar que solo nosotros conocemos?". Ésta es la invitación más linda que una persona le hace a otra para crear su mundo juntos.
Las ganas solo existen adentro nuestro, y pueden ser muy aleatorias a veces. Si uno cree que estamos en el mundo para crecer juntos, y cada vez llevarnos mejor, entonces si uno deja que las ganas dominen nuestras acciones, será más difícil ser un buen amigo, hermano, pareja, padre, madre, colega.

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