Reflejo

Apagué el celular y vi mi reflejo en la pantalla, ahora apagada, pero encendida en mí. ¿El juego de la luz diurna en el celular me estaba mostrando una metáfora? Si un cielo o una flor eran el fondo de pantalla, ¿mi rostro era la pantalla secreta? En realidad podía reflejar cualquier cosa, cualquier cosa que me rodeara. Yo podía elegir qué reflejar. Si no estaba cerca de mí, podía ir a buscarlo. Entonces fui a lo de mis padres, los saludé y saque el celular para ver el reflejo de mi madre. Mi madre pensó que le quería mostrar algo, pero no vio más que una pantalla negra. O eso era lo que ella veía, porque cuando mirás un celular, lo único que esperás ver es lo que sale del celular. Le pregunté qué veía. Me dijo que nada. Le pedí que mirara con más atención, ¿qué veía en la pantalla del celular?. “¿Es un chiste nuevo?” me preguntó. Me reí, le dijo que no, que era algo muy real, lo más real que podía ver en un celular. Como es mi madre, me tomó en serio. Miró un rato y después de unos 20 segundos en silencio me dijo: “Veo tus rulos, y la pared”. Me reí, “yo te veo a vos, lo más real e importante que me ha mostrado hoy el celular”. Mi madre nunca se había emocionado con un celular. Pero todo lo que ves te afecta dependiendo del significado que le das. Mi celular es ahora una forma de ver las cosas que me importan. Luego hice lo mismo con mi padre, que se mostró menos sensible, no se si porque ya sabía lo que estaba haciendo y no fue una sorpresa para él, o porque no le gusta mucho que lo saquen de su estructura. Me pidieron que me quedara a comer, pero les dije que tenía que ver a mi novia, bah, que quería verla. Estaba un poco alterada por problemas en el trabajo, y cuando le pedí que mirara el celular vacío me dijo que no tenía tiempo para esas cosas. “Sí tenés”, le dije seguro, el tiempo es en definitiva una elección. “Veo los libros de los estantes” me dijo finalmente. Moví el celular para que me pudiera ver y me dijo que me veía a mi. “Y yo te veo a vos, lo más real e importante que me jamás me haya mostrado el celular”. Me besó y me empujó para que nos acostáramos en la cama. Me reí mientras la besaba, estaba en esa montaña rusa de emociones que un día de estrés te puede dar. Nos quedamos dormidos. Me desperté a las 2 de la mañana, con su brazo sobre mi pecho y su cabeza sobre mi hombro. Y ahora ya no la veía, la sentía.

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