Podólogo
Jessica era una chica muy linda y, como muchas mujeres, estaba obsesionada con su belleza. Era tan linda que ya no sabía que más hacer para verse aun más linda. Pero cuando llegó el verano se le ocurrió embellecer la huella que su pie dejaba en el arena. Entonces fue a ver al podólogo Rivas. La propuesta de Jess descolocó a Rivas, quien tuvo que preguntarle su objetivo dos veces hasta caer en la cuenta de que su emprendimiento era serio. "Traje arena para simular la caminata por la playa", siguió Jess. Padre de dos hijas y conocedor de hasta donde llegan las mujeres para embelesarse, como llevarle arena al podólogo, aceptó su pedido. Estuvieron dos meses perfeccionando la huella de Jess, haciendo dos sesiones por semana. Probaron con distintas cantidades de agua y distintos tipos de caracoles esparcidos por el arena.
Llegó el verano, y Jess paseaba dejando su huella en la arena felizmente. Un día de sol, un hombre vio su huella y le pareció la huella mas hermosa que alguna vez haya visto. Tuvo que seguirla, corrió, corrió, corrió pero se confundió con otras huellas y terminó persiguiendo a una abuela. Esa noche sus amigos le preguntaron como sabia que era una huella de mujer, y repondió: "La silueta de esa huella... se forma con el peso de una bella mujer... seguro difícil de conquistar, pero estoy dispuesto a cargar con ese peso". Eran las palabras de un hombre decidido.
Al siguiente día, el hombre se levantó muy temprano y fue al mismo lugar donde había encontrado la primera huella, esperando que su dueña pase nuevamente. Estuvo de 8 a 10 de la mañana observando huellas, caminando detrás de personas, respondiendo a porqué caminaba tan cerca de la gente, y pidiéndole a mujeres que se saquen las ojotas, como un loco. Hasta que la vio. Una mujer tan linda que casi se olvida del asunto de la huella.
"Hola, vi tu...". Se dio cuenta de que lo que le iba a decir sonaba muy extraño, y continuó: "...tu.. forma de caminar y tu sonrisa y me dieron ganas de conocerte. Me llamo Juan.". Jess se sorprendió porque nadie le había hablado así en la playa, se sintió un poco incómoda y su respuesta fue un corto agradecimiento y siguió caminando. Juan, dándose cuenta de que no tenía nada que perder, se apuro en decir: "Vi tu huella ayer en el arena y es la primera vez que una huella me llama la atención, y sentí la necesidad de buscar a su dueña.". Jess volvió a mirarlo mas sorprendida que antes, y Juan no sabía como interpretar su mirada, pero continuó: "Se que suena raro, pero quien sabe, quizás nos gustamos". Continuó un momento de silencio y de miradas. ¿El exótico deseo de embellecer su huella la llevaría a Jess a conocer a un hombre que le gustaba? ¿El mismo exótico deseo que produjo una exótica búsqueda? "Hola, me llamo Jessica...".
Así comenzó la historia de Jess y Juan, y luego de cuatro años de novios, se casaron, cuando él le dijo: "me interesé en ti por tu huella, pero seguí contigo por la huella que dejabas en mi corazón con cada gesto de cariño, de amor". Ella le respondió "pensar que me preocupaba por la belleza de hasta mi huella, y hoy me parece una pavada, pero gracias a eso estamos hoy juntos".
Por supuesto que asistió al casamiento el podólogo Rivas.
Llegó el verano, y Jess paseaba dejando su huella en la arena felizmente. Un día de sol, un hombre vio su huella y le pareció la huella mas hermosa que alguna vez haya visto. Tuvo que seguirla, corrió, corrió, corrió pero se confundió con otras huellas y terminó persiguiendo a una abuela. Esa noche sus amigos le preguntaron como sabia que era una huella de mujer, y repondió: "La silueta de esa huella... se forma con el peso de una bella mujer... seguro difícil de conquistar, pero estoy dispuesto a cargar con ese peso". Eran las palabras de un hombre decidido.
Al siguiente día, el hombre se levantó muy temprano y fue al mismo lugar donde había encontrado la primera huella, esperando que su dueña pase nuevamente. Estuvo de 8 a 10 de la mañana observando huellas, caminando detrás de personas, respondiendo a porqué caminaba tan cerca de la gente, y pidiéndole a mujeres que se saquen las ojotas, como un loco. Hasta que la vio. Una mujer tan linda que casi se olvida del asunto de la huella.
"Hola, vi tu...". Se dio cuenta de que lo que le iba a decir sonaba muy extraño, y continuó: "...tu.. forma de caminar y tu sonrisa y me dieron ganas de conocerte. Me llamo Juan.". Jess se sorprendió porque nadie le había hablado así en la playa, se sintió un poco incómoda y su respuesta fue un corto agradecimiento y siguió caminando. Juan, dándose cuenta de que no tenía nada que perder, se apuro en decir: "Vi tu huella ayer en el arena y es la primera vez que una huella me llama la atención, y sentí la necesidad de buscar a su dueña.". Jess volvió a mirarlo mas sorprendida que antes, y Juan no sabía como interpretar su mirada, pero continuó: "Se que suena raro, pero quien sabe, quizás nos gustamos". Continuó un momento de silencio y de miradas. ¿El exótico deseo de embellecer su huella la llevaría a Jess a conocer a un hombre que le gustaba? ¿El mismo exótico deseo que produjo una exótica búsqueda? "Hola, me llamo Jessica...".
Así comenzó la historia de Jess y Juan, y luego de cuatro años de novios, se casaron, cuando él le dijo: "me interesé en ti por tu huella, pero seguí contigo por la huella que dejabas en mi corazón con cada gesto de cariño, de amor". Ella le respondió "pensar que me preocupaba por la belleza de hasta mi huella, y hoy me parece una pavada, pero gracias a eso estamos hoy juntos".
Por supuesto que asistió al casamiento el podólogo Rivas.
Comentarios
Publicar un comentario