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Los chinos saben que nunca deben poner a la venta en Argentina sus productos a un precio de noventa pesos. Todo comenzó cuando Juan Chai Won Lee puso el reloj de pared antiguo a un precio de noventa pesos, y cuando el primer cliente le preguntó a cuanto estaba, Juan le respondio: "Noventa! Noventa!". Los meses pasaron, los clientes siguieron preguntando y el reloj no se vendía. Hasta que el octogésimo tercer cliente le respondió: "Pero si no esta a la venta, para qué lo ponen en el estante?". Juan Chai Won Lee abrió los ojos grandes parecido a como Newton los abrió cuando se le cayó la manzana en la cabeza... había descubierto la razon por la cual el reloj no se vendía, y rápido le respondió al cliente: "Ochenta y nueve! Precio especial!".
Pronto, la comunidad de comerciante chinos se enteró de lo sucedido y borraron de su lista de precios el número noventa.
Pronto, la comunidad de comerciante chinos se enteró de lo sucedido y borraron de su lista de precios el número noventa.
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