El Escuadrón Anti-rabietas
Hervía de gente. Era un día en el shopping mall. Las familias, parejas y personas sin compañía que eran mayoritariamente mujeres, caminaban en todas direcciones con bolsas cargadas de regalos: ropa, juguetes, electrodomésticos, etc. La mayoría productos no imprescindibles. Se acercaban las fiestas y había que cumplir con la “tradiobligación” de los regalos. Comerciantes buscaban generar el deseo de los niños de pedirles a los padres que les compren globos, pirulines y juguetitos multicolores. De estos padres, algunos les decían a sus hijos “no”, y de los niños cuyos padres les decían “no”, algunos lloraban. Cuando un niño lloraba, un guardia de seguridad rápidamente cogía su handi (o walky-talky) y llamaba desesperada pero silenciosa y disimuladamente a alguien que acudía al llamado rápidamente. Era el escuadrón de payasos anti-rabietas, que con sus trucos metamorfósicos de globos lograban calmar los llantos de los niños.
Algunos padres se avivaron e inducían a sus hijos a llorar para no tener que pagar por los globos.
El número de niños llorones fue aumentando con el correr del tiempo. El gasto que significaba al shopping mall el escuadrón y los globos alargados, que fue creciendo ante la demanda ascendente de operaciones anti-rabietas, obligó a suspender el programa Shopping Sin Llantos.
Algunos padres se avivaron e inducían a sus hijos a llorar para no tener que pagar por los globos.
El número de niños llorones fue aumentando con el correr del tiempo. El gasto que significaba al shopping mall el escuadrón y los globos alargados, que fue creciendo ante la demanda ascendente de operaciones anti-rabietas, obligó a suspender el programa Shopping Sin Llantos.
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